Treinta y seis años después de su primera aparición en televisión, la chef madrileña Samantha Vallejo‑Nágera afirma haber recuperado su identidad más allá del personaje que la televisión le asignó. En una entrevista reciente, la cocinera de 56 años explicó que, tras trece años siendo conocida como “Samantha, la de MasterChef”, ha podido volver a centrarse en su trabajo al frente del catering Samantha de España y en proyectos personales que le permiten expresar su creatividad sin la presión de un formato televisivo.

El peso de una etiqueta

Cuando Vallejo‑Nágera entró al plató de MasterChef España en 2014, nunca imaginó que el apodo que le pusieran los espectadores se quedaría con ella durante más de una década. “Durante esos años me sentía como si viviera bajo un reflector constante”, comenta. “Cada vez que entraba a un restaurante o a un mercado, la gente me veía primero como la concursante del programa y después, si tenía suerte, como la chef”. Esa percepción, aunque le abrió puertas, también limitó la forma en que podía presentar su trabajo.

La chef señala que la etiqueta le generó una especie de doblez profesional: por un lado, le brindó visibilidad y oportunidades de colaboración; por otro, la obligó a explicar constantemente quién era más allá del reality. “Llegué a preguntarme si mis platos eran juzgados por su sabor o por la expectativa que llevaba mi nombre”, recuerda.

Regresando a la cocina de autor

En los últimos dos años, Vallejo‑Nágera ha reducido sus apariciones en programas de televisión y ha dedicado más tiempo a su catering, una empresa que fundó en 2008 y que hoy atiende eventos corporativos, bodas y celebraciones privadas en Madrid y otras ciudades españolas. “Volver a la cocina de autor me ha permitido reconectar con la razón por la que empecé: el amor por los ingredientes de temporada y la técnica bien ejecutada”, afirma.

Entre sus proyectos recientes destaca una serie de menús temáticos inspirados en las rutas del vino español, donde cada plato está diseñado para realzar las características de una variedad específica. Además, ha comenzado a impartir talleres de cocina saludable dirigidos a jóvenes profesionales, combinando demostraciones prácticas con charlas sobre nutrición y sostenibilidad.

Un enfoque en el producto local

Uno de los pilares de su nueva etapa es el compromiso con proveedores locales. Vallejo‑Nágera trabaja estrechamente con agricultores de la Comunidad de Madrid, queseros de Castilla‑La Mancha y pescadores de la costa cantábrica. “Cuando conozco la historia detrás de cada producto, el plato adquiere una dimensión que no se puede lograr con ingredientes genéricos”, explica.

  • Colaboración con huertos urbanos de Madrid para hierbas y microgreens.
  • Selección de quesos artesanales de la Sierra de Guadarrama para sus tablas de quesos.
  • Uso de pescado de la pesquería sostenible de Santander en sus platos de bacalao.

Proyectos personales y libertad creativa

Más allá del ámbito profesional, la chef ha retomado actividades que había dejado de lado durante los años de exposición televisiva. Practica pintura al óleo como forma de relajación y ha empezado a escribir un blog donde recopila recetas de familia, anécdotas de viajes y reflexiones sobre el oficio de cocinar.

“El blog es mi cuaderno de bitácora privado, pero lo comparto porque creo que la cocina también es un medio de contar historias”, dice. En sus publicaciones combina fotografías de sus platos con bocetos a mano y breves notas sobre el proceso creativo detrás de cada creación.

El papel de la mentoría

Vallejo‑Nágera también ha asumido un rol de mentora en programas de formación para chefs emergentes. Participa como invitada en escuelas de hostelería, donde ofrece masterclasses sobre plating, gestión de equipos y la importancia de la escucha activa en la cocina.

“Ver a los jóvenes experimentar y encontrar su propia voz me recuerda por qué amo esta profesión”, confiesa. “No se trata de replicar técnicas, sino de inspirarles a confiar en su intuición”.

El futuro sin etiquetas

Mirando hacia adelante, la chef asegura que no tiene planes de regresar a los formatos de competencia televisiva en el corto plazo. Su objetivo es consolidar su marca como sinónimo de calidad, innovación y respeto por el producto. “Quiero que cuando alguien piense en Samantha Vallejo‑Nágera, lo primero que venga a la mente sea un buen plato, no un reality”, concluye.

Con esa visión, continúa explorando nuevas colaboraciones con bodegas, diseñando experiencias gastronómicas que maridan vino y comida de forma inesperada, y manteniendo viva la llama de la curiosidad que la llevó a ponerse el delantal por primera vez, mucho antes de que el mundo la conociera como “Samantha, la de MasterChef”.