Gonzalo Bernardos, economista del Instituto de Estudios Económicos de Madrid, explicó el 1 de junio de 2026 en la conferencia anual de políticas de pensiones que la jubilación flexible no solo brinda mayor autonomía a los trabajadores, sino que también resulta rentable para la Seguridad Social.

¿Qué es la jubilación flexible?

La jubilación flexible es un mecanismo que permite a los afiliados al régimen general de la Seguridad Social iniciar la percepción parcial de su pensión antes de la edad legal de jubilación, combinándola con la continuación de la actividad laboral a tiempo parcial. El objetivo es suavizar la transición del empleo al retiro, evitando una caída brusca de ingresos y reduciendo la presión sobre el mercado laboral.

Orígenes y objetivo del mecanismo

Este modelo surgió a raíz de la reforma de pensiones aprobada en 2024, cuando el Gobierno buscó responder a la creciente esperanza de vida y al envejecimiento demográfico. La medida pretende equilibrar tres pilares: la sostenibilidad financiera del sistema, la capacidad de los mayores de seguir contribuyendo y la necesidad de ofrecer a los trabajadores una mayor flexibilidad para organizar su vida profesional y personal.

El análisis de Gonzalo Bernardos

Bernardos, con más de veinte años de experiencia en macroeconomía y políticas de seguridad social, desglosó los componentes que hacen que la jubilación flexible sea “rentable” para la entidad pública. Según él, el ahorro proviene de dos fuentes principales:

  • Reducción del gasto público inmediato: Al percibir una parte de la pensión antes de tiempo, el Estado paga menos en cada cuota mensual, lo que alinea el flujo de caja con la capacidad contributiva del beneficiario.
  • Incremento de la recaudación a medio plazo: Los trabajadores que continúan laborando, aunque sea a tiempo parcial, siguen cotizando al sistema, generando ingresos adicionales que compensan la reducción inicial.

Rentabilidad para la Seguridad Social

En su exposición, Bernardos presentó un modelo de simulación basado en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS). El escenario más frecuente muestra que, para cada 1.000 euros de pensión anticipada, el Estado recupera entre 1.200 y 1.400 euros en cotizaciones durante los siguientes ocho años, siempre que el trabajador mantenga una jornada laboral mínima del 30 %.

El economista subrayó que este cálculo no incluye los efectos indirectos, como el menor gasto en programas de asistencia social para personas mayores que continúan activas y la disminución de la presión sobre los servicios de salud al retrasar la edad de jubilación plena.

Ventajas y retos para los trabajadores

Desde la perspectiva del afiliado, la jubilación flexible ofrece varios beneficios claros:

  • Mayor control sobre el ritmo de salida del mercado laboral.
  • Posibilidad de combinar ingresos de pensión y salario, lo que facilita la planificación financiera.
  • Acceso a derechos laborales (vacaciones, bajas) mientras se percibe parte de la pensión.

No obstante, Bernardos advierte que existen riesgos que deben gestionarse:

  • La reducción de la pensión total si el trabajador no mantiene la cotización mínima requerida.
  • Posibles penalizaciones en caso de interrupciones prolongadas del empleo.
  • Desconocimiento de la normativa por parte de muchos afiliados, lo que puede generar decisiones poco óptimas.

Impacto en la sostenibilidad del sistema

El economista explicó que, a nivel macro, la jubilación flexible actúa como un amortiguador frente a la volatilidad demográfica. Al mantener a más personas en la nómina activa, se diluye el peso de la población pensionista sobre el fondo común. Además, la medida favorece la igualdad de género, pues permite a mujeres que tradicionalmente interrumpen su carrera por cuidados familiares regresar al empleo de forma gradual.

Escenarios futuros y recomendaciones

Bernardos proyectó tres escenarios para los próximos diez años, considerando diferentes tasas de adopción de la jubilación flexible:

  • Escenario conservador (10 % de adopción): Mejora marginal en la balanza financiera, pero sin cambios estructurales.
  • Escenario moderado (30 % de adopción): Reducción del déficit de la Seguridad Social en torno al 0,8 % del PIB, gracias a mayores cotizaciones y menor gasto inmediato.
  • Escenario optimista (50 % o más): Posibilidad de revertir el déficit y crear un colchón de reserva que permita futuras flexibilizaciones, como la jubilación a tiempo parcial con bonificaciones.

Para alcanzar los resultados del escenario moderado, el economista propone tres líneas de acción:

  1. Campañas de información: Difundir de forma clara los requisitos, beneficios y riesgos de la jubilación flexible, especialmente entre los trabajadores de sectores con alta precariedad.
  2. Incentivos fiscales: Ofrecer deducciones temporales a las empresas que mantengan a empleados mayores en jornadas reducidas, favoreciendo la continuidad laboral.
  3. Revisión periódica de los umbrales de cotización: Ajustar anualmente el porcentaje mínimo de jornada para evitar que la medida se vuelva poco atractiva en momentos de recesión.

En palabras de Bernardos, “la jubilación flexible no es una solución mágica, pero sí una herramienta que, bien diseñada y acompañada de políticas complementarias, puede alinear los intereses de los ciudadanos y del Estado, garantizando la viabilidad del sistema de pensiones en una sociedad que envejece rápidamente”.

Conclusiones del debate

El discurso de Gonzalo Bernardos ha reavivado el debate sobre la reforma de pensiones en España. Mientras algunos partidos políticos siguen defendiendo la jubilación anticipada sin restricciones, otros ven en la flexibilidad una vía para equilibrar la carga fiscal y mejorar la calidad de vida de los mayores. Lo que queda claro es que, según los cálculos del economista, la jubilación flexible puede ser una pieza clave para que la Seguridad Social mantenga su solvencia sin sacrificar la dignidad y el bienestar de los trabajadores que eligen una salida gradual del mercado laboral.