Una empresa ganadera familiar con 1.500 cabras advierte sobre la falta de producción nacional
En una explotación situada en el interior de la península, una familia lleva más de tres décadas criando cabras de raza autóctona. Con un censo que ronda los 1.500 animales, la empresa se ha convertido en uno de los referentes de la ganadería extensiva en su zona. Recientemente, su responsable declaró que "En España no se produce suficiente carne para el consumo que tenemos", una afirmación que pone el foco en el desequilibrio entre la oferta interna y la demanda de este producto.
El contexto de la carne de cabra en España
La carne de cabra ocupa un lugar tradicional en la gastronomía de varias comunidades, especialmente en zonas de montaña y dehesas donde el pastoreo forma parte del paisaje y la cultura. Sin embargo, su presencia en los lineales de los supermercados y en las cartas de los restaurantes ha ido disminuyendo frente a otras proteínas más industrializadas. El consumo per cápita se mantiene estable, pero gran parte de lo que se vende en el mercado proviene de importaciones, principalmente de países del norte de África y de la Unión Europea.
Consumo y tradición
Los platos tradicionales como el cabrito al horno, el guisado de cabra con verduras de temporada o las chuletas a la brasa siguen siendo apreciados en fiestas locales y en hogares que valoran la carne de origen nacional. No obstante, la falta de visibilidad en los canales de distribución grande ha limitado el acceso de los consumidores urbanos a este producto, lo que favorece la compra de alternativas más baratas y disponibles todo el año.
Factores que limitan la producción
- Escasez de pastos y presión sobre el territorio: La expansión de cultivos de regadío y la urbanización han reducido las superficies aptas para el pastoreo extensivo, obligando a los ganaderos a complementar la dieta con piensos cuyo coste ha aumentado en los últimos años.
- Falta de relevo generacional: Muchos jóvenes de familias ganaderas optan por profesiones fuera del sector, viendo la actividad como poco rentable y con alta carga de trabajo.
- Baja inversión en infraestructura de sacrificio y transformación: Los mataderos especializados en pequeños rumiantes son escasos y, cuando existen, suelen operar bajo márgenes ajustados, lo que desincentiva la ampliación de capacidad.
- Regulación y ayudas percibidas como insuficientes: Aunque existen líneas de apoyo a la ganadería extensiva, los beneficiarios consideran que la burocracia y los requisitos de acceso limitan su utilidad real.
Posibles vías de mejora
Para cerrar la brecha entre producción y consumo, los representantes del sector proponen varias acciones coordinadas:
- Crear marcas de calidad diferenciada que resalten el origen nacional y el manejo extensivo, facilitando su posicionamiento en tiendas gourmet y cadenas de supermercados comprometidas con el producto local.
- Impulsar circuitos cortos de comercialización, como mercados de agricultores y plataformas de venta directa, que reduzcan el número de intermediarios y mejoren la rentabilidad para el productor.
- Fomentar programas de incorporación de jóvenes mediante ayudas a la instalación, formación en manejo sostenible y acceso a tierras mediante bancos de tierra.
- Invertir en pequeños mataderos móviles o regionales que permitan el sacrificio en cercanía a las explotaciones, disminuyendo el estrés animal y los costes de transporte.
- Desarrollar campañas de información al consumidor sobre las propiedades nutricionales y el bajo impacto ambiental de la carne de cabra frente a otras proteínas.
La experiencia de esta ganadera familiar muestra que, pese a los obstáculos, es posible mantener un modelo de producción respetuoso con el medio ambiente y con tradiciones arraigadas. Si se logran alinear los intereses de productores, administraciones y consumidores, la carne de cabra podría recuperar un lugar más significativo en la mesa española, reduciendo la dependencia de las importaciones y fortaleciendo la economía rural.