Tatiana, gallega con ELA, pide ayuda para acabar de pagar una silla salvaescaleras que necesita «para vivir»

En el corazón de A Coruña, Tatiana García, de 38 años, enfrenta una batalla diaria contra la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Desde el diagnóstico, hace seis meses, su movilidad se ha reducido drásticamente y la única solución viable para seguir en su propio hogar es una silla salvaescaleras. Sin embargo, el coste total supera los 12.000 €, y aún le falta una parte importante para poder adquirirla. Tatiana ha lanzado una campaña de recaudación para cubrir la diferencia y garantizar su autonomía.

La lucha de Tatiana contra la ELA

La ELA es una enfermedad neurodegenerativa que ataca las neuronas motoras, provocando pérdida progresiva de la fuerza muscular y, en etapas avanzadas, la imposibilidad de moverse sin ayuda. Para Tatiana, los primeros síntomas aparecieron como una leve debilidad en la mano derecha, pero en pocos meses la enfermedad avanzó, afectando sus piernas y su capacidad para subir escaleras.

“Cada escalón se convirtió en un obstáculo imposible”, comenta Tatiana, quien vive con su madre en un apartamento de dos plantas. “Antes de la silla, dependía de los vecinos para subir al segundo piso, y eso me hacía sentir una carga”.

El impacto emocional y social

Más allá del aspecto físico, la enfermedad ha generado un fuerte impacto emocional. El aislamiento, la frustración y la pérdida de independencia son sentimientos recurrentes en su día a día. La silla salvaescaleras no solo representa una herramienta de movilidad, sino también una puerta abierta a la dignidad y la posibilidad de seguir trabajando como diseñadora gráfica freelance.

El desafío económico de la silla salvaescaleras

El precio de una silla salvaescaleras de alta gama, adaptada a las necesidades específicas de una persona con ELA, ronda los 12.000 €. La familia de Tatiana ha logrado reunir 7.500 € mediante ahorros, ayudas del Servicio Gallego de Salud y una pequeña donación de la comunidad local. Sin embargo, quedan aproximadamente 4.500 € pendientes.

“Los seguros no cubren la totalidad del equipamiento, y los subsidios estatales son limitados”, explica su madre, María López. “Nos hemos quedado con una brecha que no podemos cerrar solos”.

Costes ocultos y mantenimiento

Además del precio de compra, la silla requiere instalación profesional, inspecciones periódicas y posibles reparaciones. Estos gastos adicionales pueden sumar hasta 1.200 € al año, lo que convierte la inversión en un compromiso financiero a largo plazo.

Cómo la comunidad puede ayudar

Ante la urgencia, Tatiana ha abierto un llamado a la solidaridad a través de redes sociales y grupos locales. La ayuda puede llegar de distintas formas, sin que sea necesario aportar grandes sumas.

Formas de colaborar

  • Donaciones económicas: cualquier aporte, por pequeño que sea, se suma al objetivo final.
  • Difusión del mensaje: compartir la historia en tus contactos ayuda a ampliar la red de posibles donantes.
  • Voluntariado: ofrecer tiempo para organizar eventos benéficos o ayudar en la gestión de la campaña.
  • Apoyo profesional: arquitectos o técnicos pueden asesorar en la instalación para reducir costos.

La familia también ha creado una lista de contactos de empresas locales dispuestas a ofrecer descuentos o facilidades de pago, lo que demuestra que la colaboración puede ir más allá del dinero.

Impacto de la tecnología asistiva en la calidad de vida

Las soluciones de movilidad, como las sillas salvaescaleras, han transformado la vida de muchas personas con discapacidades. Estudios demuestran que la independencia en el hogar reduce la depresión y mejora la salud mental. En el caso de Tatiana, la posibilidad de subir y bajar escaleras sin ayuda directa le permitirá:

  • Continuar trabajando desde casa, manteniendo su fuente de ingresos.
  • Acceder a espacios de ocio y actividades sociales sin depender de terceros.
  • Reducir la carga física y emocional sobre su madre, quien actúa como cuidadora principal.

Además, la tecnología asistiva fomenta la inclusión social, al permitir que las personas con movilidad limitada participen activamente en la comunidad.

Historias similares y la importancia del apoyo colectivo

En Galicia y el resto de España, existen numerosos casos de personas con ELA que han logrado mantener su autonomía gracias a la ayuda de vecinos, empresas y organizaciones sin ánimo de lucro. Estas experiencias demuestran que, cuando la sociedad se moviliza, es posible superar barreras económicas y garantizar una vida digna a quienes enfrentan enfermedades graves.

La historia de Tatiana, aunque única, se inserta en un contexto más amplio de solidaridad y compromiso social. Cada contribución, por mínima que sea, se convierte en un ladrillo que sostiene la esperanza de una vida plena.

El futuro de Tatiana y la llamada a la acción

Con la silla salvaescaleras, Tatiana visualiza un futuro donde pueda seguir trabajando, estudiar nuevas técnicas de diseño y, sobre todo, vivir sin depender constantemente de la ayuda de terceros. Su mensaje es claro: "Necesito esta silla para vivir, no solo para moverme".

Si deseas ser parte de este proyecto, puedes aportar directamente a la campaña de recaudación o compartir su historia en tus redes. Cada gesto cuenta y acerca a Tatiana un paso más a la independencia que tanto anhela.