En una entrevista exclusiva concedida el 26 de mayo de 2026 en Madrid, la reconocida chef Samantha Vallejo-Nágera sorprendió a la comunidad gastronómica al afirmar que la mejor salsa de tomate no necesita azúcar, sino 50 ml de vino blanco. La declaración, que ha generado debate entre profesionales y aficionados, surge en el marco de una serie de talleres que la chef imparte sobre reinterpretación de clásicos de la cocina española.
¿Quién es Samantha Vallejo-Nágera?
Samantha Vallejo-Nágera, hija del famoso corredor de maratón Abraham Núñez, ha construido una carrera propia en el mundo culinario. Tras graduarse en la Escuela de Hostelería de Madrid, trabajó en restaurantes con estrellas Michelin en Barcelona y Nueva York, donde afinó su estilo basado en la simplicidad de los ingredientes y la química de los sabores. En 2023 lanzó su propio proyecto gastronómico, “Raíces Modernas”, que combina la tradición española con técnicas contemporáneas.
El mito del azúcar en la salsa de tomate
Historia y tradición
Durante décadas, la receta clásica de salsa de tomate ha incluido una pizca de azúcar para equilibrar la acidez del fruto. Esta práctica se popularizó en la posguerra, cuando los tomates de temporada a menudo eran más ácidos y el azúcar se utilizaba como remedio rápido. Sin embargo, el uso indiscriminado del azúcar ha sido cuestionado por nutricionistas y chefs que buscan realzar el sabor natural del tomate.
¿Por qué el azúcar no siempre funciona?
El azúcar, aunque aporta dulzura, tiende a enmascarar matices aromáticos y puede generar una sensación de “cobertura” que opaque la frescura del tomate. Además, en la cocina moderna, donde se prioriza la salud y la autenticidad, muchos profesionales buscan alternativas que aporten complejidad sin recurrir a edulcorantes.
El papel del vino blanco en la salsa
Química del ácido y la dulzura
El vino blanco, especialmente los secos con buena acidez, actúa como un agente equilibrante. Al desglasar la base de la salsa, el vino libera compuestos volátiles que intensifican el aroma del tomate, mientras que su contenido de azúcares residuales aporta una dulzura sutil y natural. Además, el alcohol ayuda a disolver los pigmentos y aceites, creando una textura más homogénea.
Beneficios de sustituir el azúcar por vino blanco
- Mayor profundidad de sabor: los matices frutales del vino se integran con la acidez del tomate.
- Reducción de calorías: 50 ml de vino aportan menos calorías que una cucharada de azúcar.
- Mejora de la textura: el alcohol ayuda a emulsionar los aceites, evitando que la salsa se vuelva granulosa.
- Perfil aromático más complejo: notas de manzana verde, cítricos y flores que no se logran con azúcar.
Receta paso a paso de la salsa de tomate con vino blanco
Ingredientes
- 1 kg de tomates maduros (preferiblemente de la variedad rama o pera)
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 1 cebolla mediana, picada finamente
- 2 dientes de ajo, laminados
- 50 ml de vino blanco seco (un Albariño o Sauvignon Blanc funciona bien)
- 1 cucharadita de sal marina
- Pimienta negra recién molida al gusto
- Un puñado de albahaca fresca
Procedimiento
1. Blanquear los tomates: sumergir los tomates en agua hirviendo 30 segundos, retirar la piel y picarlos en cubos.
2. Rehogar la base: en una cazuela de fondo grueso, calentar el aceite y añadir la cebolla y el ajo. Cocinar a fuego medio hasta que la cebolla esté translúcida, sin que llegue a dorarse.
3. Desglasar con vino blanco: añadir los 50 ml de vino y dejar que se reduzca a la mitad, aproximadamente 3‑4 minutos. Este paso libera los sabores del vino y evapora el alcohol.
4. Incorporar los tomates: añadir los cubos de tomate, la sal y la pimienta. Cocinar a fuego lento durante 20‑25 minutos, removiendo ocasionalmente para evitar que se pegue.
5. Finalizar la salsa: retirar del fuego, añadir la albahaca fresca y, si se desea, un chorrito de aceite de oliva virgen extra para dar brillo.
6. Servir: la salsa está lista para acompañar pastas, pescados o como base de guisos. Samantha recomienda probarla con una pasta artesanal de sémola para apreciar la interacción entre la acidez del tomate y la frescura del vino.
Reacciones y perspectivas del sector
Desde la publicación de la entrevista, chefs de renombre como Ferran Adrià y Carme Ruscalleda han comentado que la propuesta de Vallejo-Nágera abre una puerta a la experimentación con vinagres y vinos en salsas tradicionales. Algunos críticos gastronómicos señalan que la técnica puede requerir ajustes según la variedad de tomate y la calidad del vino, pero coinciden en que la idea refuerza la tendencia de buscar “sabor auténtico” sin depender de azúcares añadidos.
En los talleres que la chef ha impartido en los últimos meses, los participantes han reportado que la salsa con vino blanco resulta más aromática y que la combinación de sabores les permite crear platos más equilibrados y ligeros. Además, la práctica ha impulsado la compra de vinos locales, favoreciendo la economía vitivinícola regional.
El enfoque de Samantha Vallejo-Nágera refleja una corriente creciente en la gastronomía contemporánea: la búsqueda de técnicas que respeten la materia prima y reduzcan la intervención artificial. Al sustituir el azúcar por vino blanco, la chef no solo aporta un toque de elegancia, sino que también invita a repensar la forma en que los cocineros equilibran la acidez y la dulzura en sus preparaciones.