Un portero con alma zamorana
Unai Simón, el guardameta que ha defendido la portería del Athletic Club y de la Selección Española en los últimos torneos internacionales, tiene una conexión especial con un rincón de la provincia de Zamora que pocos conocen. A sus 29 años, el portero vasco asegura que, siempre que el calendario le permite, regresa a un pueblo de apenas un centenar de habitantes para recargar baterías y recordar de dónde proviene su familia.
Un refugio de piedra y silencio
El pueblo en cuestión se caracteriza por sus casas de adobe y piedra, sus calles estrechas empedradas y una pequeña iglesia cuyo campanario marca el ritmo de la vida cotidiana. Allí, el ruido de las grandes ciudades se disipa y se escucha únicamente el canto de los pájaros y el murmullo del río Duero a lo lejos. Unai describe ese entorno como "mi terapia natural", un lugar donde puede desconectar de la presión de los estadios y volver a conectar consigo mismo.
Durante sus estancias, el portero suele acompañar a sus abuelos en las tareas del huerto, pasear por los campos de cultivo y participar en las fiestas locales que celebran la patrona del pueblo. Estas actividades, lejos de ser meras distracciones, le permiten mantener viva la tradición familiar y sentir el apoyo de una comunidad que lo conoce desde niño.
Raíces que alimentan la carrera
Aunque nació en Vitoria-Gasteiz, la línea familiar de Unai Simón tiene profundos lazos con Zamora. Sus abuelos paternos, nacidos y criados en ese pequeño municipio, transmitieron al joven portero valores como el trabajo duro, la humildad y el respeto por la tierra. Cada verano, cuando llega a Zamora, el portero recuerda las historias de sus antepasados sobre las cosechas, las inviernos duros y las fiestas que unían a todo el vecindario.
Estos recuerdos no solo le dan un sentido de pertenencia, sino que también influyen en su mentalidad deportiva. Unai ha mencionado en entrevistas que la tranquilidad que encuentra en el pueblo le ayuda a afrontar los partidos con mayor claridad y concentración. La disciplina que aprendió ayudando en el campo se refleja en su preparación rigurosa y en su capacidad para mantener la calma bajo presión.
El pueblo que lo ve crecer
Los habitantes del pueblo lo tratan como uno más. En la plaza del pueblo, es común ver a Unai compartiendo una copa de vino con los mayores, jugando a las cartas en el bar local o simplemente sentándose en un banco a observar el atardecer. Esta cercanía le recuerda que, pese a la fama y los títulos, su identidad está arraigada en la simplicidad y la autenticidad de la vida rural.
Algunos vecinos cuentan que, cuando era niño, el portero solía pasar las tardes lanzando balones contra la pared de la iglesia, soñando con defender porterías más grandes. Hoy, esos mismos sueños se han convertido en realidad, pero el niño que lanzaba aquel balón sigue estando presente cada vez que pisa sus calles de piedra.
Tradiciones que perduran
Entre las costumbres que Unai sigue respetando se encuentran la preparación de la típica "cocida zamorana" en las fiestas de agosto y la participación en la procesión de la Virgen de la Asunción, donde porta el bastón de mando junto a otros jóvenes del pueblo. Estos actos refuerzan su vínculo con la cultura local y le permiten sentir que, aunque su carrera lo lleve a estadios de todo el mundo, siempre tiene un lugar al que volver.
Además, el portero colabora de forma discreta con iniciativas locales destinadas a preservar el patrimonio arquitectónico del pueblo, contribuyendo con donaciones para la restauración de la iglesia y el mantenimiento de los senderos rurales que atraviesan los campos de cultivo. Su deseo es que futuras generaciones puedan disfrutar del mismo entorno que él ha conocido desde pequeño.
Un futuro con los pies en la tierra
Con la carrera deportiva en pleno auge, Unai Simón no descarta la posibilidad de, algún día, establecerse de forma más permanente en su pueblo zamorano. Aunque los compromisos profesionales le exigen viajar constantemente, el portero asegura que su corazón siempre late con más fuerza cuando escucha el sonido de las campanas de su iglesia natal.
En una época en la que muchos deportistas buscan refugios exclusivos y lujosos, la elección de Unai de regresar a un lugar tan humilde resulta una lección de autenticidad. Sus raíces zamoranas no son solo un recuerdo de infancia; son una fuente constante de energía, inspiración y equilibrio que le permite enfrentar cada partido con la misma pasión con la que, de niño, soñaba con defender una portería bajo el sol de Castilla.