El pueblo que guarda la inspiración de José Luis Perales
En una tarde de primavera de 2026, el cantautor español José Luis Perales, con 81 años, volvió a cruzar el umbral de su refugio secreto: un pequeño enclave medieval enclavado en la zona conocida como la España vaciada. Situado a orillas del río Duero, a unos 150 km de Madrid, el pueblo, cuyo nombre oficial es Villalobos de la Sierra, conserva el trazado de la época visigoda y sus callejones estrechos siguen siendo el escenario donde el artista escribe y revisa sus letras.
Perales, que ha vendido más de 30 millones de discos a lo largo de su carrera, ha declarado en varias entrevistas que "mi música está toda escrita allí y sigue siendo necesario para mí ir allí muy a menudo". La frase, que parece un mantra, resume la relación simbiótica entre el cantautor y aquel espacio que, lejos del bullicio de la capital, le brinda la serenidad necesaria para seguir creando.
Historia del refugio
El edificio que Perales llama "refugio" data del siglo XII, cuando la zona formaba parte de la frontera entre los reinos cristianos y musulmanes. Originalmente una casa de labranza, fue ampliada en el siglo XV con una torre de vigilancia que todavía se alza sobre la plaza mayor. En la década de los 80, el cantante compró la propiedad junto a su esposa, con la intención de preservar la arquitectura y, al mismo tiempo, contar con un lugar donde alejarse de la presión mediática.
Durante los últimos años, el artista ha participado en la restauración de la muralla que rodea el casco histórico, financiando parte de los trabajos con los ingresos de sus giras. "Cada piedra que levantamos es una nota más en mi partitura personal", comenta Perales mientras recorre la muralla con una guitarra al hombro.
El encanto de la España vaciada
Villalobos de la Sierra es uno de los cientos de pueblos que han visto disminuir su población desde los años 80, fenómeno al que los expertos denominan "España vaciada". Sin embargo, la escasez de habitantes ha convertido al lugar en un refugio de autenticidad: las casas de piedra conservan sus techos de tejas rojas, las plazas siguen siendo punto de encuentro para los pocos vecinos que quedan y el ritmo de vida se mide en función del canto de los gallos y el crujir de la leña en la chimenea.
Esta atmósfera ha atraído a otros artistas, fotógrafos y amantes de la historia que buscan una experiencia alejada del turismo masivo. Para Perales, la ausencia de multitudes es esencial: "Necesito el silencio de las montañas para escuchar la voz interior que me guía al escribir".
La música que nace entre piedras
En el interior del refugio, la habitación principal está decorada con instrumentos de cuerda, partituras antiguas y fotografías en blanco y negro de los primeros conciertos del cantautor. Cada mañana, antes de iniciar su jornada creativa, Perales se sienta en una silla de madera junto a la ventana que da a la calle empedrada y abre su cuaderno de notas.
Algunas de sus composiciones más recientes hacen referencia directa al paisaje que lo rodea. En la canción "Eco de la Muralla", el coro repite la frase "las piedras susurran historias que yo canto", mientras la melodía imita el sonido del viento entre los almenas. Otro tema, "Río de recuerdos", nació mientras el artista observaba el reflejo del sol en el agua del Duero y escuchaba el rumor de los pescadores locales.
Canciones que hablan del lugar
- Eco de la Muralla: una balada que combina guitarra acústica y percusión ligera, inspirada en la arquitectura defensiva del pueblo.
- Río de recuerdos: pieza melódica que evoca la corriente del Duero y la nostalgia de los veranos de infancia.
- Alma de piedra: canción que celebra la resistencia de los habitantes frente al abandono demográfico.
Estas letras, aunque nacen en la intimidad de su refugio, han sido interpretadas en conciertos recientes, generando una conexión emocional con el público que reconoce en ellas la universalidad del anhelo por un lugar de pertenencia.
Un llamado a la visita
Aunque Perales prefiere la privacidad, ha abierto las puertas de su casa a grupos reducidos de músicos y escritores que comparten su visión de la creación en entornos rurales. Además, el ayuntamiento local ha organizado visitas guiadas para aquellos que deseen conocer la historia del pueblo y la influencia que ha tenido en la obra del cantautor.
Cómo llegar y qué esperar
El acceso a Villalobos de la Sierra se realiza principalmente por la carretera N‑122, que atraviesa la meseta castellana. Desde la autopista A‑1, la salida hacia la localidad está señalizada con un letrero que indica "Pueblo medieval - 12 km". El trayecto, de aproximadamente una hora y media, está rodeado de campos de cereal y colinas cubiertas de pinos.
Una vez en el pueblo, los visitantes encontrarán:
- Una plaza mayor con una fuente de piedra del siglo XVI.
- La iglesia de San Martín, con frescos barrocos restaurados en 2022.
- Pequeños comercios que venden productos locales como queso de oveja y miel silvestre.
- Rutas de senderismo que conducen a miradores con vistas panorámicas del valle del Duero.
Para los amantes de la música, el refugio ofrece la posibilidad de asistir a una sesión íntima de composición, donde Perales comparte su proceso creativo y permite a los asistentes tocar junto a él bajo la luz tenue de las velas.
La experiencia, según los pocos que han participado, se describe como "una mezcla de historia, naturaleza y melodía que deja una huella profunda en el corazón".
El futuro de un refugio que sigue vivo
Con la mirada puesta en los próximos años, José Luis Perales planea ampliar la labor cultural del pueblo, creando un programa de residencias artísticas que permita a jóvenes músicos y poetas pasar temporadas de trabajo en el entorno medieval. "Quiero que la música siga fluyendo como el agua del Duero, y que cada generación encuentre aquí su propio cauce", afirma el cantautor.
Mientras tanto, el refugio sigue siendo, para él, el punto de anclaje que le recuerda que la esencia de su obra está ligada a la tierra, a la historia y a los sonidos que emergen de los callejones empedrados. En una época donde la velocidad y la digitalización dominan, el mensaje de Perales resuena con fuerza: volver a lo básico, escuchar el susurro de las piedras y dejar que la música sea el puente que conecte pasado y presente.