Expertos cubanos y latinoamericanos reflexionan sobre el futuro de la isla

En una mesa redonda celebrada el 31 de mayo de 2026 en La Habana, un grupo de académicos, economistas y activistas de Cuba y de varios países latinoamericanos analizó la encrucijada que vive la isla. El encuentro, organizado por la Universidad de la Habana y la Universidad Nacional Autónoma de México, buscó responder a la pregunta que resonó durante toda la jornada: «¿Nos organizamos en Cuba o nos pasa por arriba la historia?» Las discusiones giraron en torno a los retos políticos, económicos y sociales que enfrenta la nación caribeña y a las rutas posibles para lograr una transformación sostenible.

El contexto histórico y los desafíos actuales

Desde la Revolución de 1959, Cuba ha experimentado periodos de auge y crisis. La caída de la Unión Soviética, el embargo estadounidense y las recientes reformas económicas han generado una combinación de esperanzas y frustraciones. En 2026, la economía cubana muestra signos de recuperación parcial, pero el desempleo estructural, la escasez de insumos y la emigración de jóvenes siguen siendo problemas críticos.

Los expertos coincidieron en que la falta de una organización social y política clara es el factor que más limita el desarrollo. Según la economista cubana María Rodríguez, “las instituciones están fragmentadas; sin una visión colectiva, cualquier intento de reforma se disuelve en iniciativas aisladas”.

Factores externos que influyen

El contexto internacional también pesa. La normalización de relaciones con Estados Unidos y la apertura de nuevos mercados en Asia ofrecen oportunidades, pero también exigen una capacidad de negociación y adaptación que, según el analista peruano Javier Castillo, “solo se logra con una organización interna robusta”.

Voces de la academia cubana

Los académicos cubanos presentaron una serie de diagnósticos. La historiadora Laura Méndez destacó la necesidad de rescatar la participación ciudadana en la toma de decisiones, argumentando que la cultura de la consulta popular, heredada de la Revolución, debe renovarse para incluir a la juventud digital.

Por su parte, el sociólogo Andrés Pérez subrayó la importancia de fortalecer las organizaciones comunitarias, como los comités de defensa de la revolución, que pueden servir de base para una nueva arquitectura social. “No se trata de volver al modelo del pasado, sino de reinventar la organización desde abajo”, afirmó.

Propuestas concretas desde Cuba

  • Crear una red nacional de “cámaras de innovación social” que vinculen a emprendedores, universidades y gobiernos locales.
  • Implementar presupuestos participativos en municipios clave, con auditorías ciudadanas.
  • Descentralizar la gestión de recursos energéticos, favoreciendo proyectos de energía renovable comunitaria.

Perspectivas de los analistas latinoamericanos

Los invitados de México, Argentina, Chile y Brasil aportaron una visión comparativa. La politóloga mexicana Elena García recordó cómo la transición democrática en México se consolidó gracias a la creación de partidos ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil que actuaron como contrapesos al poder.

En Argentina, el economista Lucas Fernández señaló que la experiencia del “Plan de Recuperación Productiva” muestra que la coordinación entre el Estado y el sector privado es viable cuando existe un marco institucional sólido. “Cuba puede adoptar un modelo híbrido que combine planificación estatal con iniciativas privadas reguladas”, propuso.

Lecciones de la región

Chile y Brasil, con sus procesos de reforma constitucional, demostraron que la participación ciudadana masiva puede impulsar cambios estructurales. Los expertos latinoamericanos coincidieron en que la clave está en diseñar mecanismos que permitan a la población influir directamente en políticas de educación, salud y empleo.

Propuestas de organización y acción

El consenso emergente sugiere una hoja de ruta basada en tres pilares:

  1. Fortalecimiento institucional: crear órganos de coordinación intersectorial que integren a gobiernos locales, organizaciones sociales y el sector privado.
  2. Participación ciudadana: lanzar plataformas digitales de consulta pública, garantizando acceso universal y transparencia.
  3. Capacitación y empoderamiento: impulsar programas de formación en liderazgo, gestión de proyectos y economía digital para jóvenes cubanos.

Estos ejes buscan responder al llamado del historiador cubano Rafael Ortega: “Si no nos organizamos, la historia nos pasará por encima”.

Escenarios posibles para el futuro

Los analistas describieron tres trayectorias plausibles:

1. Organización gradual y consensuada

En este escenario, la sociedad civil y el Estado establecen alianzas estratégicas, se implementan reformas graduales y la economía se diversifica. El resultado sería una Cuba más resiliente, con mayor inclusión social y una posición más fuerte en la arena internacional.

2. Estancamiento y fuga de talentos

Si la falta de organización persiste, la emigración continuará, la economía se estancará y la isla quedará cada vez más aislada. La presión social podría derivar en protestas y confrontaciones que, sin canales de diálogo, empeorarían la situación.

3. Cambio abrupto impulsado por crisis externa

Una crisis externa –por ejemplo, un aumento drástico del embargo o una catástrofe climática– podría forzar a la isla a reorganizarse de manera rápida y forzada. Aunque podría generar oportunidades de innovación, también conllevaría riesgos de desestabilización.

La última reflexión de la mesa

Al cerrar la jornada, los participantes coincidieron en que la organización no es un lujo, sino una necesidad para que Cuba pueda escribir su propio destino. La combinación de saberes cubanos y latinoamericanos ofrece una hoja de ruta que, si se adopta con voluntad política y compromiso ciudadano, podría convertir la frase “nos pasa por arriba la historia” en una advertencia superada.