El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de levantar la Nueva Rosaleda directamente sobre el cauce del Guadalmedina. La visión, que lleva años circulando en los despachos municipales, imagina un estadio moderno cuya plataforma se asiente sobre pilares que atraviesen el río, creando un ícono urbano que unirá deporte y paisaje. Sin embargo, la propuesta choca con una serie de problemas que van desde la ingeniería de cimientos hasta la normativa de protección de zonas inundables, y que han generado un debate intenso entre técnicos, ecologistas y ciudadanos.
El sueño de la Nueva Rosaleda sobre el Guadalmedina
Desde que el Málaga CF anunció la necesidad de un nuevo hogar para reemplazar al vetusto estadio de La Rosaleda, el consistorio ha buscado una solución que no solo satisfaga las demandas deportivas, sino que también impulse la regeneración urbana de la zona oeste de la ciudad. El Guadalmedina, que atraviesa el corazón de Málaga, ofrece una franja de terreno relativamente libre cerca del centro histórico, lo que lo convierte en un objetivo atractivo para ubicar una instalación de gran capacidad. El alcalde ha descrito el proyecto como una oportunidad para "convertir el río en una pieza central del espectáculo deportivo", destacando la posibilidad de crear espacios públicos, zonas de esparcimiento y una mejor conectividad peatonal entre el centro y los barrios de El Palo y Lagunillas.
¿Por qué el río?
La elección del Guadalmedina no es arbitraria. Estudios preliminares de movilidad indican que un estadio situado sobre el río reduciría la necesidad de grandes aparcamientos superficiales, ya que el acceso podría hacerse mediante transporte público y rutas peatonales que aprovecharían los puentes existentes. Además, la proximité al centro permitiría que los aficionados lleguen a pie tras una jornada de trabajo o estudio, disminuyendo la huella de carbono asociada al día de partido. Desde el punto de vista estético, el reflejo del estadio en el agua ofrecería una imagen única que podría convertirse en un nuevo símbolo de la ciudad, comparable a otras obras emblemáticas de arquitectura sobre agua en Europa.
Los obstáculos técnicos y medioambientales
Transformar ese sueño en realidad, sin embargo, requiere superar una serie de desafíos que los expertos consideran sustanciales.
Ingeniería de cimientos sobre agua
Construir sobre un cauce activo implica diseñar pilares capaces de soportar cargas estáticas y dinámicas (el peso del estadio, las multitudes y las vibraciones generadas por los eventos) mientras resisten las fuerzas del flujo fluvial, los posibles desplazamientos de sedimentos y las variaciones del nivel del agua durante lluvias intensas. Los ingenieros civiles consultados advierten que cualquier solución tendría que incluir profundos pilotes que atraviesen el lecho del río y lleguen a capas de roca competente, lo que incrementaría significativamente el coste y el tiempo de ejecución. Además, la necesidad de mantener un caudal mínimo para evitar alteraciones ecológicas obliga a dejar libres ciertos tramos del cauce, lo que complica la geometría de la plataforma.
Impacto ecológico y normativa de inundaciones
El Guadalmedina está protegido por varias figuras de conservación, incluido el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y la normativa de prevención de inundaciones de la Junta de Andalucía. Alterar su cauce podría afectar a hábitats de especies acuáticas y ribereñas, así como modificar la dinámica de sedimentación que protege a la ciudad de crecidas repentinas. Los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Sur han advertido que cualquier intervención debe someterse a un exhaustivo estudio de impacto ambiental y obtener una autorización que, en la práctica, podría tardar años en concederse. Asimismo, el Plan de Acción contra el Riesgo de Inundaciones (PAI) establece límites estrictos a la edificación en zonas de riesgo alto, y gran parte del tramo urbano del río se clasifica como tal.
La postura del alcalde y la respuesta de la ciudadanía
Francisco de la Torre ha defendido públicamente la viabilidad del proyecto, afirmando que "Málaga merece un estadio que esté a la altura de su ambición y que pueda convertirse en un motor de desarrollo". En varias comparecencias ha señalado que se están explorando fórmulas de financiación mixta, con participación privada y posibles subvenciones europeas destinadas a proyectos de sostenibilidad urbana.
Sin embargo, la reacción de los colectivos vecinales y ecologistas no ha tardado en llegar. Plataformas como "Málaga Río Vivo" y "Salvemos el Guadalmedina" han organizado reuniones informativas y han recogido firmas para solicitar al Ayuntamiento que se priorice la rehabilitación del actual estadio de La Rosaleda o que se busque una alternativa fuera del cauce. Sus argumentos se centran en el riesgo de dañar un corredor ecológico vital, el aumento potencial del riesgo de inundaciones en barrios cercanos y la falta de transparencia en los estudios preliminares que, según ellos, no han sido puestos a disposición del público.
Declaraciones de Francisco de la Torre
En su última intervención en el pleno municipal, el alcalde insistió en que "no se trata de imposiciones, sino de estudiar todas las opciones con rigor" y anunció la creación de una mesa técnica que incluirá a la Universidad de Málaga, al Colegio de Ingenieros de Caminos y a representantes de las asociaciones de vecinos. El objetivo, según dijo, es producir un informe de factibilidad que esté listo antes de finales de 2026.
Opiniones de vecinos y grupos ecologistas
Por su parte, la asociación de vecinos de El Palo ha expresado su preocupación por el posible aumento del tráfico y el ruido en una zona residencial ya sensible. Los ecologistas, por su parte, destacan que el Guadalmedina alberga poblaciones de especies como el barbo común y la anguila europea, cuya supervivencia podría verse amenazada por alteraciones en el flujo y la calidad del agua.
Alternativas sobre la mesa
Ante las dificultades que plantea construir sobre el río, varias alternativas han empezando a ganar fuerza en el debate público.
Renovar el actual estadio
Una opción consiste en llevar a cabo una reforma integral de La Rosaleda, manteniendo su ubicación en el barrio de Palma-Palmilla pero aumentando su capacidad, mejorando sus instalaciones y dotándolo de un techo retráctil. Esta solución tendría la ventaja de evitar intervenciones en el cauce y de preservar el patrimonio deportivo de la ciudad, aunque requeriría un cierre temporal del estadio durante las obras.
Ubicación en el barrio de El Palo
Otra propuesta apunta a trasladar el nuevo estadio a terrenos municipales cercanos al barrio de El Palo, actualmente usados para instalaciones deportivas de menor escala. El terreno ofrece mayor estabilidad del suelo, menor exposición a riesgos de inundación y una mejor conexión con la red de carreteras regionales. Los defensores de esta alternativa destacan que permitiría diseñar un recinto desde cero, con todas las comodidades modernas y espacios comerciales integrados, sin interferir con el cauce del río.
Próximos pasos y calendario esperado
El consistorio ha anunciado que, durante el primer trimestre de 2026, se llevará a cabo una serie de sondeos geotécnicos en el río y se actualizarán los modelos hidráulicos para evaluar el impacto de diferentes configuraciones de pilares. Paralelamente, se abrirá un periodo de participación ciudadana donde los vecinos podrán presentar alegaciones y sugerencias. Si los resultados son favorables, el proyecto pasaría a la fase de licitación de obras, con un horizonte de inicio de construcción previsto para finales de 2027 y una posible inauguración en 2030, siempre que se superen los obstáculos administrativos y medioambientales.
Mientras tanto, el debate sigue abierto. La visión de una Nueva Rosaleda sobre el Guadalmedina sigue siendo un atractivo sueño de futuro para muchos malagueños, pero su realización dependerá de la capacidad de los técnicos para equilibrar ambición urbana, seguridad estructural y respeto por el entorno natural que hace único al río que atraviesa la ciudad.