En una sociedad que vive más años que nunca, la forma en que tratamos a las personas de avanzada edad está bajo revisión. El profesor Eduardo Correa, de la OBS Business School y autor del Informe Longevidad activa en España, advierte que el trato sobreprotector puede convertirse en una profecía autocumplida: si a una persona de 70 años se le trata como si fuera de cristal, al final ella misma empieza a creerlo.
La visión de Eduardo Correa sobre el envejecimiento
Según Correa, el problema no está en la edad biológica, sino en las expectativas sociales que se proyectan sobre los mayores. Cuando el entorno asume fragilidad, limita oportunidades de movimiento, decisión y riesgo controlado. Esa percepción, repetida día a día, termina moldeando la autoimagen de la persona, quien comienza a evitar actividades que antes consideraba rutinarias.
El profesor señala que cambiar el foco de la protección excesiva a la promoción de la independencia genera un efecto positivo en la motivación y la autoestima. "Poner el foco en la independencia cambia su actitud", afirma, subrayando que la confianza en las propias capacidades es un motor clave para mantenerse activo física y mentalmente.
¿Por qué el trato de cristal produce dependencia?
El sobreproteccionismo actúa como un filtro que interpreta cualquier señal de fatiga o lentitud como signo de incapacidad. Esto lleva a:
- Reducción de la actividad física por miedo a caer o lesionarse.
- Menor participación en decisiones cotidianas, desde la compra hasta la gestión de medicamentos.
- Aislamiento social, ya que se evitan situaciones que podrían requerir esfuerzo.
Estas conductas, aunque nacen de una intención de cuidado, refuerzan la idea de que la persona ya no puede valerse por sí misma. Con el tiempo, el cuerpo responde a la inactividad con pérdida de fuerza y equilibrio, lo que, irónicamente, aumenta el riesgo real de caídas y enfermedades.
Estrategias para fomentar la independencia en la tercera edad
Correa propone varias líneas de acción que pueden implementarse tanto en el ámbito familiar como en programas comunitarios:
1. Entornos adaptados, no limitados
En lugar de eliminar todos los obstáculos, se trata de diseñar espacios que ofrezcan soporte cuando sea necesario pero que permitan el movimiento libre. Pasamanos, suelos antideslizantes y iluminación adecuada son ejemplos de ayudas que no restan autonomía.
2. Actividades con propósito y reto moderado
Programas de ejercicio que incluyan entrenamiento de fuerza, equilibrio y coordinación, adaptados a las capacidades individuales, han demostrado mejorar la percepción de eficacia personal. La clave está en ofrecer desafíos que sean alcanzables pero que requieran esfuerzo.
3. Toma de decisiones compartida
Incluir a la persona mayor en la planificación de su rutina diaria, desde el menú hasta las actividades de ocio, refuerza su sentido de control. Incluso pequeñas decisiones, como elegir la ruta de un paseo, tienen un impacto significativo en su ánimo.
4. Comunicación basada en el respeto
Evitar lenguaje diminutivo o tono paternalista es fundamental. Dirigirse a la persona usando su nombre, escuchando sus opiniones y reconociendo su experiencia contribuye a una relación de igualdad.
El papel del sector del bienestar y el fitness
El informe Longevidad activa en España destaca una oportunidad de mercado para gimnasios, centros deportivos y profesionales de la salud que adopten una visión menos infantilizadora de los mayores. Correa señala que los servicios deben pasar de ofrecer "actividades para mayores" a diseñar "programas de entrenamiento funcional" que atiendan a objetivos de fuerza, movilidad y participación social.
Algunas tendencias ya emergentes incluyen:
- Clases de entrenamiento de alta intensidad adaptada (HIIT senior) con monitores certificados en gerontología.
- Uso de tecnología wearable para monitorizar progreso sin ser invasivo.
- Espacios intergeneracionales donde jóvenes y mayores comparten actividades, rompiendo estereotipos de fragilidad.
Estos enfoques no solo mejoran los indicadores de salud, sino que también reducen costos sanitarios a largo plazo al postergar la aparición de discapacidades y dependencia institucional.
En última instancia, el mensaje de Eduardo Correa es claro: la longevidad no debe confundirse con vulnerabilidad. Al dejar de tratar a los mayores como si fueran de cristal y enfocarnos en fortalecer su independencia, les brindamos la oportunidad de seguir escribiendo su propia historia, con energía, propósito y autonomía.