Carla Goyanes, empresaria conocida por su participación en iniciativas de responsabilidad social, concedió recientemente una entrevista en la que abordó uno de los momentos más duros de su vida: la pérdida casi simultánea de su padre y su hermana. En menos de un mes, dos pilares fundamentales de su entorno familiar desaparecieron, dejando un vacío que puso a prueba su fortaleza emocional y su visión del mundo.
Un golpe que marcó un antes y un después
Según relató Carla, la noticia del fallecimiento de su padre llegó primero, seguida apenas semanas después por la de su hermana. El impacto fue tal que describió aquellos días como "un suelo que desaparece bajo los pies". La lógica humana, explicó, no logra dar sentido a esas ausencias repentinas, y el dolor se vuelve un compañero constante que exige ser enfrentado, no evitado.
En ese contexto, la empresaria enfatizó que no buscó respuestas fáciles ni soluciones mágicas. En su lugar, buscó un punto de apoyo que le permitiera continuar con sus responsabilidades familiares y profesionales sin perder la conexión con lo que ella considera esencial.
El movimiento de Emaús y la transformación de su hermana
Uno de los pilares que Carla mencionó fue el movimiento de Emaús, una comunidad que trabaja con personas en situación de exclusión social mediante el acompañamiento, el trabajo y la reflexión espiritual. Según ella, su hermana había encontrado en Emaús un espacio donde pudo reconstruir su sentido de pertenencia y propósito antes de su partida.
Carla describió cómo ver a su hermana involucrada en aquel entorno le mostró el poder de la solidaridad y del trabajo compartido como formas de sanar heridas internas. Esa experiencia, dijo, le dejó una lección que lleva consigo: el apoyo comunitario puede ser un canal para transformar el dolor en acción constructiva.
Fe como asidero, no como escapismo
Al ser preguntada sobre el papel de la fe en su proceso de duelo, Carla respondió con la frase que se ha convertido en el titular de la nota: "La fe no significa no tener problemas, sino afrontarlos con más serenidad". Para ella, creer no equivale a negar el sufrimiento o a esperar que desaparezca de la noche a la mañana; más bien, la fe actúa como un punto de referencia interno que le brinda calma frente a la incertidumbre.
Explicó que, en los momentos de mayor angustia, recurre a la oración y a la meditación no como un escape, sino como una forma de centrar su mente y recuperar la claridad necesaria para tomar decisiones, tanto en el ámbito familiar como en su labor empresarial.
Mensajes de esperanza para quien atraviesa el duelo
Carla también quiso dejar un mensaje dirigido a quienes están pasando por situaciones similares. Señaló que el duelo no sigue una línea recta y que cada persona tiene su propio ritmo. Sin embargo, insistió en que permitir sentir el dolor, sin juzgarlo ni reprimirlo, es el primer paso para poder integrarlo en la vida.
- Reconocer la emoción: nombrar lo que se siente (tristeza, ira, confusión) ayuda a reducir su poder abrumador.
- Buscar redes de apoyo: amigos, familiares o grupos como Emaús pueden ofrecer escucha y compañía sin presiones.
- Crear pequeños rituales: encender una vela, escribir una carta o dedicar unos minutos a la respiración consciente pueden marcar momentos de pausa.
- Mantener una actividad significativa: ya sea el trabajo, un hobby o una causa solidaria, tener algo que dé sentido al día contribuye a la sensación de continuidad.
Finalmente, Carla subrayó que la esperanza no es la ausencia de dolor, sino la confianza de que, pese a él, es posible seguir adelante con propósito y serenidad. Su testimonio, compartido en medio de una conversación sincera, busca ofrecer una perspectiva que combine la honestidad sobre el sufrimiento con la confianza en la capacidad humana de encontrar luz incluso en los momentos más oscuros.