En el corazón de la provincia de Girona, Besalú se presenta como uno de esos destinos que parecen sacados de un cuento, pero con la ventaja de estar perfectamente preparado para recibir a los viajeros en los meses más cálidos del año. Este conjunto histórico, declarado Bien de Interés Cultural, conserva su trazado medieval casi intacto, con calles empedradas, arcos de piedra y el emblemático puente románico que cruza el río Fluvià. Lo que lo hace aún más especial es su ubicación: está completamente rodeado por el Parc Natural de la Zona Volcànica de la Garrotxa, un espacio protegido donde más de cuarenta conos volcánicos y coladas de lava forman un paisaje único en la Península Ibérica.
Un enclave medieval entre volcanes
Fundado en el siglo X, Besalú fue un importante condado independiente cuya influencia se reflejó en la construcción de iglesias, monasterios y fortificaciones que aún hoy pueden visitarse. El miqués de Besalú, la iglesia de Santa María y los restos del antiguo castillo son testimonios de su pasado señorial. Pasear por su casco antiguo es como retroceder en el tiempo: cada esquina revela detalles góticos y románticos que han sobrevivido a siglos de cambios.
Lo que distingue a Besalú de otros pueblos medievales es su entorno natural. A pocos minutos a pie del centro, el terreno comienza a elevarse y aparecen las formas suaves de los volcanes extinguidos. La Garrotxa, declarada parque natural en 1982, protege no solo estos géomorfismos, sino también bosques de hayas y robles que cambian de color según la estación. En verano, la vegetación está en su máximo esplendor y los senderos ofrecen sombras frescas ideales para caminatas.
Qué hacer en verano
Rutas de senderismo y ciclismo
Los amantes del aire libre encontrarán en la zona una red de senderos bien señalizados que atraviesan tanto el casco histórico como el parque natural. Algunas de las rutas más populares son:
- La ruta del volcán de Croscat: un recorrido de aproximadamente 3 kilómetros que lleva hasta el cono más joven de la Garrotxa, con vistas panorámicas del valle.
- El camino de Sant Jaume: una variante del Camino de Santiago que atraviesa Besalú y continúa hacia los pueblos de la zona, ideal para combinar historia y ejercicio.
- La vía verde del Carrilet: una antigua vía férrea convertida en pista para bicicletas y paseos a pie, que conecta Olot con Girona pasando por paisajes volcánicos.
Para quienes prefieren una actividad más tranquila, el río Fluvià ofrece zonas de baño natural y áreas de picnic donde se puede disfrutar de un almuerzo al aire libre bajo la sombra de los chopos.
Gastronomía con sabor a tierra
El verano en Besalú también es sinónimo de buena mesa. Los restaurantes del pueblo aprovechan los productos de la huerta garrotxina: judías de Santa Pau, embutidos artesanales, quesos de cabra y miel de brezo. Platos como la suquet de pescado o el faves amb seques (habas con secallono) reflejan la tradición culinaria de la región. Además, durante los meses de julio y agosto se celebran ferias gastronómicas donde los visitantes pueden probar tapas creativas inspiradas en la cocina medieval.
Consejos para la visita
Mejor época y alojamiento
Aunque Besalú es atractivo todo el año, los meses de junio a septiembre ofrecen las condiciones más cómodas para explorar tanto el pueblo como los senderos del parque natural. Las temperaturas oscilan entre 22 y 28 °C, con noches frescas que permiten descansar sin necesidad de aire acondicionado. Se recomienda reservar con antelación en uno de los hostales rurales o casas rurales del casco antiguo, muchas de ellas restauradas respetando la arquitectura original.
Para moverse dentro del pueblo lo mejor es hacerlo a pie, ya que sus calles son peatonales y el tráfico motorizado está limitado. Si se planea visitar los volcanes más alejados, el coche o la bicicleta son las opciones más prácticas; existen aparcamientos gratuitos en las afueras del centro.
Finalmente, no olvides llevar calzado cómodo, protector solar y una botella de agua reutilizable. El compromiso con la conservación del parque natural es evidente en la abundancia de contenedores de reciclaje y en las señalizaciones que recuerdan la importancia de no dejar residuos en los senderos.