Una botella usada, una solución innovadora

En los campos y zonas urbanas de Aragón, los apicultores y técnicos medioambientales han empezado a instalar trampas caseras fabricadas con botellas de plástico reciclado para reducir la población de Vespa velutina, conocida comúnmente como avispa asiática. Esta especie invasora, detectada por primera vez en Europa en 2004, representa una amenaza grave para las abejas melíferas y, por ende, para la polinización de cultivos y flora silvestre.

¿Por qué la avispa asiática es un problema?

La Vespa velutina se alimenta principalmente de abejas obreras, atacando los panales y debilitando las colonias. Un solo nido puede destruir miles de abejas en una temporada, lo que afecta la producción de miel y pone en riesgo la biodiversidad. Además, su presencia genera preocupación entre los ciudadanos debido al riesgo de picaduras, especialmente para personas alérgicas.

El truco de la botella: cómo funciona la trampa

La idea es sencilla: se toma una botella de plástico de dos litros, se corta en la zona superior y se invierte esa parte, creando un embudo que se introduce en la base de la botella. Luego se llena con una mezcla atractiva compuesta de agua, azúcar moreno y un chorrito de cerveza o vino blanco, que fermenta y libera olores que atraen a las avispas.
Una vez dentro, el diseño del embudo dificulta la salida, provocando que los insectos queden atrapados y eventualmente se ahoguen en el líquido.

Pasos para montar la trampa

  • Preparar la botella: lavar bien y retirar la etiqueta.
  • Cortar: con un cutter o tijeras fuertes, separar la parte superior aproximadamente a un tercio de la altura.
  • Invertir: colocar el cuello de la botella dentro de la base, formando un embudo.
  • Sellado opcional: usar cinta adhesiva resistente al agua para evitar fugas.
  • Cebo: mezclar 200 ml de agua, 2 cucharadas de azúcar moreno y 50 ml de cerveza ligera; verter en la base hasta alcanzar unos 5 cm de profundidad.
  • Colocación: colocar la trampa a unos 1,5 m del suelo, cerca de colmenas o zonas donde se haya avistado actividad de avispas, protegida de la luz solar directa para evitar que el cebo se evapore demasiado rápido.

Resultados preliminares en Aragón

Desde principios de 2025, más de 300 trampas de botella han sido desplegadas en las provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel, principalmente en áreas rurales con alta densidad de colmenas. Los primeros datos recopilados por los servicios de sanidad apícola indican una reducción del 40 % en la captura de avispas asiáticas respecto a trampas comerciales convencionales, con un costo por unidad inferior a 0,10 €.

Los apicultores participantes destacan además que la trampa no captura abejas melíferas en apreciables cantidades, gracias al tamaño del embudo y al tipo de cebo utilizado, que resulta más atractivo para las avispas que para las abejas.

Ventajas ambientales y económicas

  • Reciclaje: se reutiliza material que de otro modo terminaría en vertederos.
  • Bajo costo: ideal para pequeños apicultores y comunidades con presupuestos limitados.
  • Facilidad de instalación: no se requieren herramientas especializadas ni conocimientos técnicos avanzados.
  • Escalabilidad: la producción puede hacerse en talleres escolares o centros de formación profesional, fomentando la educación ambiental.

Próximos pasos y posible expansión

El Gobierno de Aragón, a través de su Departamento de Medio Ambiente, está evaluando la posibilidad de incluir estas trampas en el programa oficial de control de especies invasoras. Se planean campañas de difusión en cooperativas agrícolas y colegios para enseñar a la ciudadanía cómo fabricarlas y dónde colocarlas de forma segura.

Además, se están realizando pruebas con variantes del cebo, incorporando extractos de frutas maduras y feromonas sintéticas específicas de Vespa velutina, con el objetivo de aumentar aún más la eficacia sin afectar a otros insectos beneficiosos.

Si los resultados continúan siendo positivos, la iniciativa podría replicarse en otras comunidades autónomas afectadas por la avispa asiática, convirtiéndose en un ejemplo de cómo la creatividad y el reciclaje pueden ofrecer soluciones prácticas a problemas ecológicos complejos.